lunes, 2 de diciembre de 2013

Puebla, ¿destinada al recuerdo?


Las Buenas Conciencias
Adolfo Flores Fragoso



Cuando Octavio Paz planteó que la ciudad históricamente es un espacio de encuentro y de discusión, refería las diferentes visiones que hay en torno al qué hacer con este lugar de convivencia humana.

En una reflexión más profunda, diferenció a quienes hablan de “mi” ciudad, de quienes hablan de “la” ciudad. En otras palabras, traduciría personalmente, entre quienes la ven como el espacio de poder vital, y quienes la ven como medio de poder social y político.

Estas ideas nos llevan a una nueva etapa de diálogos y discusiones acerca de la ciudad de Puebla que queremos. De manera más concreta, qué queremos y qué debemos hacer con su Centro Histórico.

Como cada tres y seis años, un nuevo proyecto de preservación y conservación es propuesto, sin medir los alcances de lo ya hecho y deshecho, y seguimos siendo los viejos testigos del “fachadazo” o cirugía estética a una zona monumental que vive la etapa más crítica de su osteoporosis.

En una reseña que hace de los juegos callejeros de futbol en su barrio de infancia, Juan Villoro expone la importancia de vivir una calle, una cuadra, pues siempre habrá el riesgo de que esos espacios habitados por entrañables inmuebles y personas desaparezcan. “El sentido de pertenencia (a una ciudad) no depende de las personas ni del paisaje. Todos se van y todo se derrumba. Una calle es para nosotros lo que estuvo. Por eso vale la pena”, advierte.

Surge, pues, la inquietud: ¿el Centro Histórico de la ciudad de Puebla está irremediablemente destinado a convertirse en un recuerdo, y que sea sólo eso lo que valga la pena?

Al margen de propuestas técnicas y ambiciosos (en los dos sentidos del término) proyectos urbanísticos, algo que los habitantes, usufructuarios, especialistas y autoridades del centro poblano no debemos olvidar es que no debe dejar de ser un espacio vital

Bello, por supuesto, pero vivo.

Un centro cálido y humanamente vivo, añadiría.

Impregnado de los recorridos de Rilke por Paris, Alberto Ruy Sánchez escribió sus primeras impresiones de vivir también aquella ciudad: “Es 'el movimiento afectivo de la ciudad' algo más sutil e inestable que el clima, y que existe como un murmullo incubándose en todos los gestos y en las esquinas.”

Y es que amores, amigos, casas, calles son sin duda los hilos indispensables para salir del laberinto afectivo y poder vivir “la geografía urbana como algo inseparable de la belleza en la vida.”

Como poblano que soy, es una mera reflexión que aporto para que al momento en el que los expertos y los gobernantes tracen sus números y rayitas en bien del “desarrollo” de esta ciudad, lo hagan pensando en una Puebla que exige atenciones, no atentados.
 

lasbuenasconciencias@yahoo.com.mx
Facebook: /adolfofloresfragoso